28 de marzo de 2011

Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica… para viajeros con prisas

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Si sólo tienes un par de horas para recorrer el Museo de Arte Antiguo (que forma parte del conjunto de Museos de Bellas Artes de Bruselas, http://www.fine-arts-museum.be/), en las tiendas del Museo te venden un pequeño libreto con “Las 20 obras maestras del arte de la pintura” (son un pelín ombliguistas en este sentido, no hacen mención a que son 20 obras de este Museo…).

Y así, dado que el Museo Magritte estaba cerrado por obras, recorrimos en breve tiempo las salas de este precioso museo en busca de esas 20 obras (y alguna más que salió a nuestro encuentro). Y en esta entrada, quedarán reflejadas aquellas que más nos gustaron. El recorrido es sencillo, pues prácticamente se realiza en el primer piso del Museo, en las galerías laterales del gran patio central.

P1250457El recorrido comienza con los primitivos flamencos y continúa, desde el siglo XV al XVII mostrando obras maestras de pintores franceses y de los Países Bajos. Al fin y al cabo, la colección procede de donaciones francesas y de las obras de arte confiscadas durante la revolución.

imageRogier van der Weyden, Petrus Christus, Dirk Bouts, Hans Memling y El Bosco, entre otros, nos reciben con sus mejores galas en las primeras salas. Estamos en el siglo XV y los Países Bajos se encuentran en un buen momento.

Los Duques de Borgoña, desde Brujas, ejercen una poderosa labor de patronazgo de las artes. De ahí, por ejemplo, el Retrato de Antonio de Borgoña, pintado por Rogier van der Weyden a mediados del siglo XV. A Antonio de Borgoña se le llamó “el Gran Bastardo de Borgoña”, pues de los muchos hijos ilegítimos de Felipe el Bueno, éste fue uno de los más activos y envalentonados, llegando a merecer la Orden del Toisón de Oro cuya cadena lleva en el retrato.

La postura digna del retratado (la flecha sugiere que era miembro de alguna cofradía o asociación de arqueros) está asociada a la imagen que debe dar un hombre de la corte: honor, templanza, seriedad.

imageNo obstante, si Van der Weyden, pintor oficial de la ciudad de Bruselas, es conocido a nivel mundial es por sus pinturas religiosas. El Museo del Prado de Madrid tiene un Descendimiento impresionante. En los Museos Reales de Bellas Artes hay una Piedad más pequeña pero igualmente reseñable.

El azul del manto de la virgen o el rojo de San Juan Bautista contrastan con la decrepitud del cuerpo del Cristo bajado de la cruz.

Otro cuadro de motivo religioso bastante llamativo es la Anunciación del Maestro de Flémalle. Existen numerosas obras de las que se ha perdido el rastro de su autor. En estos casos, a los anónimos pintores se les denomina “Maestros de” y hay bastantes.

Éste de Flémalle era posiblemente Robert Campin, de Tournai, contemporáneo de Jan Van Eyck y más que probable maestro de Rogier Van der Weyden. Los contrastes de color entre el paño rojo de la virgen el blanco de la vestimenta del ángel o el verde del sillón son magníficos. Los detalles del cuadro (el libro de oración, el jarrón con flores, etc.) distraen de la confusa perspectiva en la distribución del mobiliario de la habitación de la virgen. Un mobiliario, en cualquier caso, a la altura de la pequeña burguesía del siglo XV neerlandés y muy a tono con los espléndidos vestidos que suelen llevar sus protagonistas.

imageEsta nueva clase media requería pinturas, pero no sólo a nivel particular. Los nuevos Ayuntamientos también se convirtieron en patrocinadores del arte.

El municipio de Lovaina encargó en 1468 al pintor Dieric Bouts cuatro obras de gran tamaño dedicadas a la justicia para su Salón de Plenos. De ellas, sólo pudo realizar dos antes de morir en 1475. Un teólogo ofreció el posible tema que caracterizara las monumentales obras: la leyenda de la justicia del Emperador Otón III. ¿Que de qué iba la leyenda?

imageLa emperatriz flirtea con un noble de la Corte, que la ignora. En venganza, ésta le acusa de adulterio y de intentar seducirla y, como resultado, el infeliz es decapitado. Convencida de que su marido era inocente, la viuda se somete a la terrible prueba del fuego.

En el segundo panel, la viuda lleva en una mano una barra de hierro incandescente y la cabeza decapitada de su marido en la otra. Se arrodilla frente al Emperador a la espera de justicia. El ambiente está tenso, ¿cual será la decisión de Otón III? Pues echar a la hoguera a la Emperatriz, a su esposa, que aparece castigada al fondo de la escena, mientras los protagonistas de la misma mantienen un silencioso intercambio de miradas para la eternidad en el Palacio del Emperador justo. Bien, la verdad es que son obras más que interesantes.

imageimageDe la misma época son dos retratos pertenecientes al llamado Tríptico de Zierikzee, una pequeña ciudad holandesa. En este tríptico (del que no se muestra el panel central dedicado al Día del Juicio Final) los protagonistas son, ni más ni menos, que nuestros Felipe el Hermoso y Juana La Loca.

Su autor pertenecía a la Escuela de los Países Bajos meridionales y mostró a los príncipes en su mejor momento y en el castillo de Coudenberg en Bruselas.

Felipe, con la corona, el toisón de oro, la armadura, la espada y la mano levantada en señal de poder y justicia. Su túnica lleva las armas de Borgoña, España y Austria. Juana, más modesta pero con una bonita capa de brocado y muestra su vientre presentándonos al futuro Carlos V.

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Otra pareja aparece esta vez retratada por uno de los grandes pintores del flamenco primitivo: Hans Memling.

Se trata de Willem Moreel (burgomaestre de Brujas entre 1478 y 1483) y su mujer Barbara van Vlaenderberch y de nuevo formaban parte de un tríptico con un cuadro central de tipo religioso, ya que estaban realizados para la devoción privada. Memling encontró en los retratos y en las escenas religiosas (se muestra en el Museo un Martirio de San Sebastián bastante famoso) su mejor fuente de financiación. En sus retratos, Memling innovó introduciendo paisajes o interiores donde antes no se hacía y aplicando nuevos tipos de pinturas, barnices y aceites que le convirtieron en uno de los hombres más ricos de Brujas y en un pintor cuyos colores perviven en el tiempo.

imageUna sala dedicada a El Bosco es bien recibida. Entre las llamadas Obras maestras del pintor se encuentra un Calvario, llamativo por no pertenecer a sus llamativos escenarios fantásticos. Pero como a nosotros nos encantan, nos quedamos con estas Tentaciones de San Antonio, del taller del pintor (posiblemente el original esté en Lisboa). Una alegoría de la destrucción y la perdición reinando sobre la tierra son inevitablemente atractivos.

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Otra pareja famosa aparece en la siguiente sala. Se trata de Adán y Eva y con ellos casi pisamos el cambio de siglo. Ahora nos recibe en su espacio el pintor alemán Lucas Cranach el viejo, que debió pintar estas tablas  a finales del XV o principios del siglo XVI.

La manzana mordida por Eva, en la que se pueden ver incluso las huellas de sus dientes, no es sino el principio de un cuadro seductor y fresco, en el que el Paraíso está en el fondo pero también en las piernas cruzadas de Eva, a la que Adán mira (admira) parsimonioso.

Cranach nos da paso ya a los protagonistas del siglo XVI, a los Bruegel, toda una familia de artistas, desde luego. Padre, hijo y nieto Bruegel muestran sus mejores pinturas en un ala del Museo de Bellas Artes de Bruselas. Y la verdad es que es la mejor parte de la visita.

P1250484Y lo bueno es que en aquellas obras en las que no está representado el maestro Pieter Bruegel el Viejo sí que lo está a través de copias de su propio hijo, Pieter Bruegel el Joven. Pero es que incluso se da el caso de que la obra más famosa del pintor belga (bueno, al menos murió en Bruselas), El censo de Belén, está disponible en su versión original y en la copia por parte de su hijo, una oportunidad más que interesante. 1566 enfrente de 1610. Padre frente a hijo retratando una escena de los evangelios un pelín modificada para hacerla accesible a la actualidad del siglo XVI. 

La peculiar familia llega a Belén coincidiendo con el censo que ha organizado la gente del Emperador Augusto para controlar quien y como se pagan los impuestos. El que Belén esté nevada y los edificios, trajes y actitudes sean las de una ciudad de los países bajos del siglo XVI es mera anécdota. Por lo menos, nos sirve para interesarnos por los quehaceres de los habitantes de la época: la matanza del cerdo, las gallinas comiendo entre la nieve, muchachos patinando en el hielo, la granja, el edificio derruido del fondo… casi parece una versión previa de un Avercamp¡

Y, con todo, es la copia del joven Bruegel de La lucha entre el Carnaval y la Cuaresma, del cuadro homónimo de Pieter Bruegel que está en el Kuntshistorisches de Viena la que más despierta admiración y regocijo, con sus figuras grotescas, sus colores, su historia detrás de la historia.

La lucha entre el gordinflón Carnaval y la flaca Cuaresma, entre los árboles desnudos del invierno y los lozanos primaverales, entre la fiesta y el ayuno, el júbilo frente a la caridad… todo ello en una obra irrepetible. Curiosamente, la fama de Bruegel, el Viejo, creció mucho después de su muerte, razón por la cual su hijo mayor se convirtió en pintor en Amberes en 1584, a través del Gremio correspondiente. Y lo hizo bien, vaya que sí.

imagePieter Bruegel el Joven no se convirtió en un mero copista de las obras de su padre, sino que dejó plasmado en las mismas su estilo más fresco y delicado. Muestra de ello es esta espectacular copia del Baile nocturno al aire libre, de 1607. Por cierto, mientras los invitados bailan, la novia (sí, se celebra una boda) recibe sus regalos en dinerito contante y sonante. Ah¡ y no lleva velo. El día de la boda era el único día en el que las mujeres podían llevar el pelo suelto y no tapado.

image Paisaje con predicación de San Juan Bautista es la obra de Joaquim Patinir que se expone en esta misma sala.

En 2007 el Museo del PRado presentó una espléndida exposición sobre el pintor belga (http://isla-muir.blogspot.com/2007/10/patinir-y-la-invencin-del-paisaje.html) con 22 de sus 29 cuadros. Éste también estaba en aquella exposición que demostraba que Patinir había sido el inventor del paisaje. Qué buena muestra este cuadrito del Museo Real de Bellas Artes, con la habitual escena religiosa teniendo lugar en el marco de un paisaje idealizado pero detallado en todo lo que en él aparece.

Jan Bruegel el Viejo, el nieto de Pieter, es quien nos cede paso al siglo XVII. Una modesta Naturaleza muerta con un plato de oro y una guirnalda de flores, con una textura que recuerda al terciopelo (le llamaban Velvet Bruegel) es su obra más interesante. A partir de aquí desfilan los grandes nombres del siglo de oro de los Países Bajos: Rubens, Van Dyck, Rembrandt.

imagePero también Gabriel Metsu. Es un pintor al que últimamente sigo la pista desde que le descubrimos con su Hombre escribiendo una carta en la Galería Nacional de Irlanda (http://isla-muir.blogspot.com/2009/07/obras-maestras-de-los-museos-nacionales.html). Esta obra, La comida, es muy representativa del autor holandés. Costumbrista: un retrato reflejo de la época barroca que le tocó vivir al pintor de Leiden.

La sala dedicada a Rubens es importante, destacando las pruebas para la Metamorfosis de Ovidio (y otros asuntos mitológicos) que pintó para la Torre de la Parada, en Madrid. Sin embargo, quien nos llama la atención con su mirada es este señor:

Se trata de Nicolaas Baambeeck, uno de los retratos de Rembrandt (de 1640). La tenue iluminación es muy característica del holandés. Hacía juego con otro retrato, el de su esposa, Ágatha Bas,que ahora está en la colección personal de la reina de Inglaterra, qué se le va a hacer. Mejor que el cuadro es la historia de Nicolaas y Ágatha.

Ésta era hija de un comerciante de armas que había sido varias veces alcalde de Ámsterdam. Nicolaas, un mero comerciante de paños, quiso casar con la chica pero por mucho dinero que tuviera (y tenía mucho) no pudo comprar el ascenso a la jerarquía social a la que ella pertenecía, su futuro suegro se oponía. Así que tuvieron que esperar a la muerte del padre de Ágatha para poder casarse. Y, una vez casados y en el lugar donde le correspondía, imageNicolaas solicitó al pintor de moda, Rembrandt van Rijn, que pintase los retratos del matrimonio. Y Rembrandt debió reír con su inolvidable sonrisa. (Aquí: http://isla-muir.blogspot.com/2010/03/rembrandt-en-la-amsterdam-del-siglo-de.html y aquí: http://isla-muir.blogspot.com/2008/11/rembrandt-pintor-de-historias.html).

Antoon Van Dyck es otra cosa: más serio, casi monumental. Aquí está el retrato que le hizo a una Dama genovesa con su hija durante su estancia en Italia (en la década de 1620).

El cuadro tiene una inscripción: Virtude Gaudet; la virtud da alegría. Y es que, aunque no lo parezca a simple vista,la muchacha (Francesca Alexandra) está en edad de casamiento y es lo que la obra trata de transmitir: una chica encantadora y sana con su madre vigilante y poderosa al lado. Van Dyck pintó muchos cuadros de gente adinerada en Italia en aquella época. Les pintó, sí, a ellos y a su humanidad.

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Nos despedimos del breve recorrido por los Museos Reales de Bellas Artes de Bruselas con el más conocido de sus cuadros: Marat asesinado, de Jacques-Louis David.

Estamos en 1793, la época del Terror después de la Revolución Francesa. El 3 de julio, el médico, periodista y político Jean-Paul Marat es asesinado en París mientras toma un baño por Charlotte Corday, una joven aristócrata normanda contraria a sus revolucionarias ideas. Marat estuvo muerto en la bañera durante tres días.

Su muerte le convirtió en un símbolo, en un héroe de la revolución, en una víctima merecedora de honores. El 14 de julio, a Jacques-Louis David, su amigo y apoyo político, le fue encargado esta obra. Marat está retratado como si de un hecho mitológico se tratase, el dolor frente al vacio del fondo de la habitación… el gran héroe del momento inmortalizado.

Y mostrado, excelentemente por cierto, en una luminosa sala de los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica.

19 de marzo de 2011

Obras maestras del Museo del Cincuentenario de Bruselas

P1250310Dice muy poco de un Museo que éste no cuente con una guía de las piezas que en él se pueden ver. Y menos aún cuando se trata de un museo de una capital europea como es el caso del Museo del Cincuentenario de Bruselas.

Pues esa es la decepcionante sensación que te queda al recorrer la tienda del museo y encontrar postales antiguas, cuadernillos en blanco y negro de algunas de las piezas de la colección y libros habituales de historia y arqueología… menos mal que la colección en sí tiene cosas interesantes, sobre todo para los que hemos estado en el yacimiento sirio de Apamea.

El Museo del Cincuentenario (www.kmkg-mrah.be), como su nombre indica, está en el Parque del Cincuentenario, el gran parque que Leopoldo II inauguró en 1880 para conmemorar los cincuenta años de una nación que ha pasado una convulsa historia de dependencia de otros países.

El Museo del Cincuentenario, que comparte gigantesco edificio con el Autoworld y con el Museo de Historia Militar es un lugar perfecto para perderse. No es el Bristish Museum ni el Louvre ni lo pretende, pero sí es un digno representante de los museos arqueológicos contemporáneos. Lástima, eso sí, de carencias como la mencionada respecto de las guías.

Es un Museo centrado en la historia de la civilización humana y consecuentemente tiene cuatro zonas diferentes: antigüedad, arqueología belga, artes decorativas y civilizaciones no europeas (islam, China….). El tiempo nos apremiaba así que nos recorrimos las salas que más nos interesaban a priori, es decir, las de la antigüedad (no pudiendo disfrutar de las dedicadas a la arqueología belga, desgraciadamente).

P1250312 Una de las cosas más conocidas del Museo del Cincuentenario es su magnífica maqueta de la Roma imperial. Es realmente grande y cuenta con una explicación sonora mientras se ilumina cada uno de los edificios de la más fascinante ciudad de la antigüedad.

La presentación audiovisual dura casi media hora, por lo que tienes que estar muy interesado en el tema para oírla entera.

Pero las estrellas del Museo están relacionadas con el yacimiento de Apamea. En la planta superior se ha realizado una reconstrucción de parte de la inmensa vía columnada de Apamea (http://isla-muir.blogspot.com/2010/09/apamea-bosra-y-rusafa-yacimientos-en.html) desde la que se observa un espectacular mosaico, el Mosaico de la Caza.

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Este impresionante mosaico se descubrió en 1935 en el que fue posiblemente el palacio del gobernador de la provincia de Siria allá por el siglo V dC. Al fin y al cabo, la caza representaba el coraje, la valentía y las características que todo buen jefe debería poseer.

El mosaico incluye una inscripción que hace referencia a su restauración posterior. Es una inscripción griega que menciona que en 539 dC, en el tiempo del muy magnífico Apellion,  el mosaico y el triclinium fueron restaurados por Gorpiaios.

Aprovechando la columnada reconstruida se exponen otros muchos mosaicos, obtenidos sobre todo de la zona de la llamada Catedral: escenas de caza, de animales salvajes, tranquilas o divertidas escenas de jardín o figuras mitológicas. La mayor parte de ellas, de los siglos IV-V dC. Entre las que más nos gustaron, una llamativa cabeza de Dionisio, un cáliz rodeado de palomas o un leopardo atrapando a un antílope. Pero, sobre todo, una preciosa escena de baile…

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Pero si hay algo que da realce a la colección romana del Museo del Cincuentenario es la estatua en bronce de Septimio Severo. Sin embargo, la historia es un poco más compleja. La estatua, de unos dos metros de altura, fue hallada en el Janículo, en Roma, durante unas obras que estaba realizando el Papa Urbano VIII en su villa. Siendo uno de los bronces más grandes que han llegado a nosotros, enseguida pasó a formar parte de la colección del Palacio Barberini.

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Lamentablemente, a la figura le faltaba la cabeza y el brazo derecho, aquel con el que realizaba un gesto típicamente asociado a los oradores.

Así que en 1667, un colaborador de Bernini, Paolo Naldini, reconstruyó la figura añadiendo la cabeza del Emperador Septimio Severo (193-211) y un brazo derecho, creando una portentosa escultura que desde 1880 está en suelo belga.

La estatua original, representación probable del pueblo romano (Genius Populii Romani) se ha convertido en el emperador Septimio Severo. Es un cambio llamativo, que creo que engrandece la pieza proporcionándole una historia complementaria a la suya propia.

El Museo del Cincuentenario cuenta también con una amplia colección de bustos de época romana. Un alto funcionario romano de época Adriana mira directamente a un retrato del favorito de su Emperador, Antinoo, en una de esas curiosas situaciones que suceden en los museos…. Un Augusto Velado, retratos de Druso, del Emperador Galieno y de ciudadanos anónimos (muchos de ellos obtenidos en Asia Menor) enriquecen una sala encantadora del Museo del Cincuentenario.

Por otro lado, el Museo del Cincuentenario conserva numerosas piezas de la vida diaria de los antiguos romanos: lápidas, relieves, figurillas y hasta frescos de Villa Farnesio. Destacan, por ejemplo, algunas pequeñas piezas relacionadas con los juegos gladiatorios. Se presentan desde un relieve hallado en una tumba referente a un combate hasta amuletos que, presuntamente, proporcionaban suerte y que estaban relacionados con los gladiadores.

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P1250297Los fragmentos de frescos murales proceden de Villa Farnesio, en el Trastévere, cerca del Campo de Marte y son de época augustea. Se realizaron en segundo estilo pompeyano y muy probablemente decoraron las paredes de la villa de Julia, hija de Augusto, durante su matrimonio con Agrippa.

La pieza oscura posiblemente perteneciera a la decoración del triclinium mientras que la más clara, con una figura femenina de estilo egipcio como protagonista, probablemente decorara el criptopórtico.

P1250307La lápida, por cierto, perteneció a una tal Julia Urania (tiene una inscripción que dice CINERIBUS / IULIAE.URANIAE, es decir, Para las cenizas de Julia Urania).

Lo más característico de esta lápida es su vaso central, preparado para recoger las libaciones de vino o de perfumes que tendrían lugar como consecuencia de los ritos funerarios de incineración y enterramiento de la mujer.

La antigüedad egipcia también está suficientemente bien mostrada en el Museo del Cincuentenario y con algunos objetos realmente sorprendentes. Quizá es porque hace relativamente poco que pudimos ver alguno en el campo de Almagro, pero nos hizo especial ilusión encontrar este sarcófago en bronce de baja época de un Meloncillo (Herpestes ichneumon).

P1250340En el Egipto romano se hizo bastante popular la adoración de estos cazadores de ratas y serpientes, que se unía a la ya extensa lista de fauna incorporada al panteón menor egipcio. El Museo belga alberga numerosos ídolos y figuras de bronce de dioses y animales divinizados.

P1250365 P1250362 Entre las piezas más antiguas destaca esta estela restaurada, denominada Estela del Rey Den, datada alrededor de 2800 aC y hallada en Abydos justo a la mastaba del antiguo rey. Muy cerca de ella se reconstruye una tumba de época protodinástica, la Tumba de Tarkhan.

De una época similar es la llamada “Dama de Bruselas”, una figura femenina trabajada en caliza de 2700 aC.

Muy posteriores son los ushebtis del Faraón Taharqa, en la foto de la derecha. P1250341Siempre llama la atención encontrar en cualquier museo objetos asociados a personajes de la historia ante los que te maravillas al pensar cómo han podido llegar hasta la actualidad.

P1250335El Museo del Cincuentenario cuenta con numerosos objetos del mundo funerario egipcio. Existe una buena colección de ushebtis, por supuesto, pero también interesantes máscaras funerarias, momias y artículos relacionados con las mismas. En época romana, por ejemplo, se ataba a la momia una pequeña etiqueta de madera en la que, a veces en griego y en demótico, se informaba del nombre, filiación, edad, etc. de la persona momificada así como un pequeño texto religioso o una fórmula de condolencia o pésame.

P1250349El Museo también cuenta con un Libro de los Muertos, el de Neferrenpet (1300 aC), así como la reconstrucción de toda una cámara funeraria, la mastaba de Nefertitenaf, de 2400 aC. Se trataba de un alto funcionario encargado del culto funerario de tres faraones de la quinta dinastía: Ousekaf, Sahouré y Neferirkaré II.

P1250356Además, tenemos máscaras funerarias realmente bonitas, como ésta de la época del Imperio Nuevo en la foto de la izquierda, con el espléndido loto en la parte anterior de la peluca, así como una colección más que interesante de objetos de ajuar funerarios, como las tradicionales barcas, figuras de madera realizando labores variadas, etc. Pero sin lugar a dudas, el más llamativo de los objetos de ajuar funerario del Museo del Cincuentenario es la pequeña figura del escriba, absolutamente fascinante.

Es probable que perteneciera a un escenario mayor, dada la afición existente en la época del Imperio Medio a incorporar a las tumbas escenas de la vida del difunto. Este escriba, probablemente, está cumplimentando un listado de alimentos para el futuro del difunto.

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Dejamos Egipto haciendo mención a alguno de sus personajes más conocidos: dos grandes reinas y el parte de la decoración de una ciudad emblemática.

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Las flores de este relieve son margaritas y se elaboraron allá por 1360 aC en una ciudad destinada a desaparecer tan rápido como se construyó: Amarna.

Allí vivieron Akhenatón y su esposa Nefertiti. La madre de Akhenatón, la reina Tiy, esposa de Amenhotep III (abajo, a la izquierda) también tiene su espacio en el Museo, gracias a un bonito relieve extraído de una tumba, la de Userhat, quien allá por 1400 aC ordenó construir su tumba incorporando la imagen de su reina con su típica corona de serpientes y la diadema con dos uraeus, dos cobras con las diferentes coronas del alto y el bajo Egipto.

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Y a la derecha, y un paso atrás en el tiempo, la magnífica reina faraón Hatshepsut en otro relieve funerario.

En total, más de 11.000 objetos de la historia egipcia se guardan en este Museo y cuya revisión pormenorizada nos impidió dar una vuelta concienzuda por las salas dedicadas a la arqueología belga. En particular, nos interesaban las salas dedicadas a los galo-romanos y a los merovingios. La próxima vez será, siempre teniendo en cuenta que el Museo cierra a las 17 h.

6 de marzo de 2011

11 cosas que hacer en Brujas

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Decidimos pasar un día en Brujas, la ciudad que todo el mundo tiene por maravillosa, opinión con la que no podemos estar más de acuerdo. Y eso que al principio quedamos bastante decepcionados, pues encontramos un poco más de lo mismo…hasta que se convirtió, simplemente, en algo más. Todo gracias a las sensaciones que regalan la Plaza del Mercado o el lago del Minnewater (en la foto superior).

P1240945 Así que cogemos un tren desde Bruxelles Central hacia Ostende, que para en Brujas alrededor de una hora y poco después de salir. Nos quedamos con ganas de bajar en Gante pero seguimos hasta Brujas, donde nos espera un día muy completo recorriendo las calles de una ciudad que vivió su época dorada en la Edad Media y una decadencia posterior de varios siglos que, sin embargo, ha preservado para el presente lo mejor de aquella época. Recorrer Brujas merece la pena, pues se puede admirar el cuidado con el que se mantienen y restauran edificios y ambientes que en otras ciudades hubieran desaparecido mucho antes.

Así que dedicamos todo un día a patear la ciudad, a visitar algún museo interesante, a llegar hasta los molinos de viento y a comer en un restaurante precioso. Lástima que, siendo enero y a pesar del buen tiempo, los canales no permitieran la navegación: nos faltó el postre en un menú riquísimo… Recorramos de nuevo, pues, Brujas.

I. Minnewater

P1240990Oímos hablar del Minnewater como el Lago del Amor, pues Minne en neerlandés tiene el significado de amor y, además, este lugar es realmente bonito y podría fácilmente atildarse de romántico. Sin embargo, Minne tiene otro significado en neerlandés: público o común. Y es que este precioso lago fue tiempo atrás el embarcadero de los navíos que hacían el recorrido entre Gante y Brujas, una zona portuaria de utilidad pública.

P1250003Ahora, gaviotas reidoras, pollas de agua, patos y hasta un somormujo lavanco que se acicala en sus tranquilas aguas son los habitantes de un lugar que los turistas (que prefieren con mucho el nombre de Lago del Amor) rodean continuamente.

También aparecen numerosos cisnes, que aunque sean más que habituales en cualquier lugar del norte, en Brujas tienen una connotación especial. Maximilano de Austria es uno de los nombres que se repiten en muchos rincones de Brujas. Sucesor de María Borgoña, pretendió en su momento imponer un nuevo impuesto a los habitantes de la ciudad. P1240985Éstos se levantaron en armas, le encerraron en la Plaza Mayor y decapitaron a su valido, Pieter Lanchals (cuello largo). Cuando volvió al poder, obligó a las autoridades a mantener por siempre cisnes en sus canales.

A un lado del lago se alza la Torre de la Pólvora (Poertoren), un antiguo depósito de pólvora para fusiles y parte de la muralla antigua de Brujas. La vista desde el puentecillo que une la orilla con la Torre de la Pólvora da al Minnewater, proporcionando un gran placer a la vista.P1240987

II. Begijnhof

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Muy cerca de Minnewater está el Convento de las Beginas. La entrada desde el Puente que proporciona uno de los accesos indica que fue su portal fue construido en 1776 pero el convento data realmente de 1245, cuando fue fundado por Margarita de Constantinopla, Condesa de Flandes. Aquí vivieron durante mucho tiempo monjas y beginas, mujeres que trabajaban para sobrevivir mientras eran acogidas en las casas del convento.

P1250009 No tenían el mismo voto que las monjas, pues en cualquier momento podían abandonar la comunidad, pero sí vivían en un ambiente de caridad y de trabajo, lavando ropa o lana en los canales cercanos.

Hace mucho que ya no hay beginas, pero monjas sí. Y por eso se mantiene la capilla y hasta un museo que explica la razón de ser de estas instalaciones tan habituales en los Países Bajos.

Al lado del Convento de las Beginas se encuentran varias Casas de Dios, perfectamente complementarias al Convento de las Beginas. Se trata de pequeños barrios residenciales construidos en la Edad Media para ancianos o enfermos, originariamente del gremio de los artesanos, quienes fomentaban la construcción de estas casas con la condición de que sus habitantes rezasen por las familias que habían financiado su construcción. Hoy en día están restauradas y modernizadas pero siguen viviendo numerosos ancianos en ellas.

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III. Restaurante Maximilaan Van Oostenrijk

Muy cerca del Convento de las Beginas, una vez cruzado el puente que da acceso a la Puerta de 1776 se halla uno de los más bonitos y encantadores restaurantes de Brujas, el Maximiliano de Austria (http://www.maximiliaanvanoostenrijk.be/). No resulta excesivamente caro y la comida es deliciosa. P1250013Nos decidimos por los platos más típicos de la zona, como los mejillones y el Waterzooi.

De primero, una Degustación de Moules de Zéelande à l’ail, es decir, unos mejillones en una salsa verde de ajo sorprendentemente suaves –primera foto-. Y de segundo, el tradicional estofado belga, un sabrosísimo Waterzooi de pollo a la manera de Gante P1250017(la traducción de Waterzooi es algo así como “lío acuoso”) –segunda foto-.

Por otro lado, tomamos Paté Maison au poivre vert añadiendo como segundo unas buenísimas Carbonnades flamandes pochés à la biére Leffe, o lo que es lo mismo, un típico estofado flamenco de carne a la cerveza (marca Leffe, para ser más exactos) y P1250018servido con patatas fritas, por supuesto –tercera foto-.

Un postre basado en dulces y flanes coronó la comida en el Maximilaan Van Oostenrijk, pero no tomamos café o chocolate pues había otras muchas opciones en la ciudad para hacerlo. Preferimos continuar nuestro recorrido hacia.

IV. Hospital de San Juan e Iglesia de Nuestra Señora

P1240963 P1240965 El antiguo Hospital de San Juan permaneció activo entre el siglo XII y el XIV. Se trata de uno de los albergues más antiguos de Europa, donde se cuidaba a a enfermos, ancianos y peregrinos cansados. En él por ejemplo se trató al pintor Hans Memling y por ello se muestran ahora en él algunas obras del mismo.

Enfrente está la Iglesia más famosa de Brujas, la de Nuestra Señora, cuya torre de 122 metros es uno de los símbolos de la ciudad. El que estuviera cubierta de andamios para su restauración devaluó un poco la vista de una Iglesia que guarda una Virgen con niño de Miguel Ángel y los mausoleos de María de Borgoña y de su padre, Carlos el Temerario, simpares gobernantes de la Edad de Oro de Brujas (ella menos, que murió con 25 años al caerse de un caballo en una cacería). Por cierto, que justo al lado se ubica la Plaza de Guido Gezellplein, con una estatua en el centro que recuerda al sacerdote y poeta flamenco del siglo XIX homenajeado en muchos otros lugares de la ciudad.

P1250034V. Museo Groeninge

El Museo de Bellas Artes es el más importante de la ciudad pues guarda algunas obras fundamentales de los primitivos flamencos. Nombres de importancia como Van Eyck, Memling, Brueghel, el Bosco, Petrus Cristus o Gerard David. (http://www.brugge.be/internet/en/musea/Groeningemuseum-Arentshuis/Groeningemuseum/index.htm). Ahora está en plena restauración, pero hay una exposición con las obras maestras más importantes de su colección, entre las que destacan, las de Jan Van Eyck “La Madonna con el Canónigo Van der Paele (detalle y realismo primitivo en esta obra encargada por el canónigo Joris Van der Paele en 1436) así como el retrato de la esposa del pintor, Margaretha Van Eyck (33 años tenía en 1439 cuando la pintó; el autorretrato de Van Eyck, pareja de éste, se ha perdido); así como un Juicio Final de El Bosco, uno de sus temas recurrentes.

VI. Plaza Van Eyck (Jan van Eyckplein)

Los habitantes de la Edad Media entraban a Brujas por aquí. Entraban por barca a través de los canales y debían parar en la Plaza dedicada a Van Eyck para pagar la aduana de los productos que iban a llevar a vender al mercado. P1250090

VII. Plaza del Mercado / Markt

P1250045 Y es aquí donde Brujas se vuelve gloriosa. La Plaza del Mercado es verdaderamente imponente, sobre todo por el inmenso campanario medieval, el Belfried, que la domina. No es una iglesia, ni el Ayuntamiento ni nada por el estilo: es un símbolo. Un símbolo de la grandeza de una época en la que Brujas podía dignarse a tener un campanario con reloj de más de 80 metros de altura (un incendio en 1741 acabó con la aguja de la parte superior de la torre).

Se puede subir hasta el carillón, 322 escaleras. No lo hicimos por la hora (ya cerraban) pero nos quedamos con las ganas. A cambio, recorrimos la Plaza del Mercado, pues cada edificio de la misma tiene interés.

El edificio neogótico de la izquierda (mirando al Belfried) es el Consejo Provincial. Sede del gobernador de Flandes Oeste, es un edificio del siglo XIX que no destaca para mal en el ambiente medieval de la plaza. Sustituyó a un tradicional edificio frente al que se situaba un histórico mercado de pescado y mejillones.

P1250051Agradables terrazas y cafés rodean la estatua central de la plaza, dedicada a dos héroes nacionales de la guerra contra Francia, Jan Breydel y Pieter de Coninck, erigida en 1887 en pleno revisionismo romántico-histórico.

Y a la derecha del Belfried, la Casa Cranenburg, desde donde el humillado Maximiliano de Austria vio decapitar en 1488 a su consejero Pieter Lanckhals “cuello largo” como se comentó un poco más arriba.

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La plaza del mercado se considera el corazón de la ciudad de Brujas: es animada, luminosa a pesar del cielo gris, bella y amplia. Es una plaza mayor típicamente flamenca, abierta, diversa, entretenida.

VIII. BurgpleinP1250058

Muy cerca de la Plaza del Mercado se encuentra otra de esas visitas necesarias en Brujas, la Plaza del Ayuntamiento. Y es el edificio del Ayuntamiento, uno de los más antiguos de los Países Bajos (se construyó entre 1376 y 1420).

P1250060Es de estilo gótico y engrandece la pequeña plaza a la que da nombre. Por cierto, que en este lugar comenzó la historia de Brujas, con un primitivo castillo construido para defenderse de los invasores normandos.

En el edificio del Ayuntamiento destacan, en su fachada, toda una serie de esculturas dedicadas a grandes personajes de la historia de Brujas y de Flandes en general: héroes, condes, duques, etc. así como de personajes bíblicos. En la foto superior se sitúa, a la izquierda del Ayuntamiento, la antigua Secretaría, con una imagen del rey Salomón coronando una restauración reciente merecedora de varios premios.

P1250059Enfrente, por cierto, hay un pequeño parquecillo con árboles y una obra de arte moderno un tanto estrambótica. Se trata del espacio vacío dejado atrás por la antigua Catedral de San Donato (que tenía una capilla similar a la de Aquisgrán, que a su vez es similar a la de Santa Sofía). Los franceses, en su última invasión, no dejaron nada de ella en 1800.

A la derecha del Ayuntamiento, otro edificio famoso de la Brujas medieval: la Basílica de la Sagrada Sangre, que guarda la típica reliquia para que cada año desde 1291 se realice la consabida procesión popular. Por cierto, en su interior guarda una capilla románica del siglo XII.

Por ello se suele decir que esta plaza guarda ejemplos de un buen número de estilos artísticos, desde el románico de esta Basílica al gótico del Ayuntamiento, el renacentista de la Secretaría, el barroco en la prepositura cerca del arte contemporáneo de la futurista obra que sustituye a la catedral de San Donato.

IX. Molinos en la Muralla de la Ciudad

P1250076 Como suele pasar en los Países Bajos (véase, por ejemplo, http://isla-muir.blogspot.com/2010/04/leiden-el-molino-de-valk-y-mas.html), quedan muy pocos de los más de veinte molinos que circundaban Brujas en el siglo XVI. A finales del siglo XIX sólo quedaban dos en pie, los de la foto. El Molino de Sint-Janshuis, el Molino de San Juan, es el que mejor conservado está y se puede visitar.

Aquí se explica como, a pesar de que los molinos podían ser de titularidad pública o privada, las autoridades eran las propietarias del veinte que movía las aspas para moler el pan o el aceite. Así que cualquiera que quisiera disponer de un molino debía rendir cuentas al concejal de turno.

P1250079 Mientras tanto, el Ayuntamiento de Brujas está tratando de traer al casco urbano antiguos molinos de las cercanías que, una vez restaurados, podrán aportar al paisaje lo que éste perdió por la revolución industrial. Las vistas del atardecer desde los molinos son preciosas (a pesar de las grúas de construcción que afean el paisaje).

X. Steenstraat

Volvemos sobre nuestros pasos, recorriendo maravillosos canales, edificios medievales, casas con tejados en forma de escalera, colores variados que contrastan con el plúmbeo cielo.

P1250056 Nos llegamos hasta la Plaza del Mercado de nuevo, donde las palomas vuelan entre la gente mientras procedemos a tomar la calle Steenstraat, que nos depara algunas cosas más que interesantes. De hecho era la antigua sede de muchas de las casas gremiales de los artesanos de Brujas y esto queda patente casi desde el inicio de la calle.

P1250104 P1250099 El nº 5 es la Casa de Gapaerd. Como en aquella época las casas no tenían número, trataban de darles un nombre. Y por ello ésta es la casa del mirón, la Casa de Gaper (izquierda).

P1250107Y a partir de aquí comienzan a aparecer las casas gremiales: la de los albañiles en el nº 25 (de 1621, los ricos albañiles quisieron permanecer fieles al gótico en pleno renacimiento); la de los carpinteros en el nº 38 (de 1764, en piedra natural) o la de los zapateros en el nº 40 (de 1527, con la curiosa “bota coronada” –arriba- que da nombre a la casa y con uno de los hastiales escalonados de ladrillo  más altos de la ciudad, derecha).P1250108

Llegamos entonces a Simon Stevinplein, una plaza dedicada a uno de los científicos a los que todos deberíamos reconocer y que pasan desapercibidos salvo para los propios brujenses.

Con la cúpula de la Iglesia de Nuestra Señora como trasfondo, la efigie de Simon Stevin muestra al descubridor de la coma decimal. Nacido en 1548 en Brujas, Stevin fue uno de los grandes científicos y filósofos de Flandes, muy directamente afectado por las guerras de religión de la época entre España y Holanda.

Ingeniero, matemático, inventor y consejero de Mauricio de Nassau, Stevin fue el primero en decidir utilizar algo tan básico hoy en día como lo es la coma en la expresión decimal de los números. Ahí es nada.

Por cierto, que justo detrás de la plaza se toma un chocolate caliente realmente bueno (ellos mismos se autoproclaman como “el mejor chocolate de Brujas”). Se trata de The Old Chocolate House, (http://www.oldchocolatehouse.com/index.html) sita en Mariastraat, que sale de Simon Stevinplain  La verdad es que merece la pena.

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Después del chocolate caliente, volvemos a Steenstraat pues quedan un par de cosas por ver.

En primer lugar, la casa particular más antigua de la ciudad. Está en Zilverstraat, saliendo de Steenstraat. Perteneció a un tal Jean Vasquez y se construyó en 1468. Fue el secretario de Isabel de Portugal (no la nuestra, la esposa de Carlos V, sino la madre de Carlos el Temerario). El lema de Jean Vasquez sigue presente en la fachada desde hace más de 500 años: “¡A bon compte avenir!”, es decir, !El futuro es de los prudentes!.

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Y justo al lado se sitúa una de las iglesias más bonitas de la ciudad, la Catedral de San Salvador, fundada como parroquia allá por 850 dC y que ha sufrido numerosos cambios a lo largo del tiempo (calificándose como catedral desde que los franceses se deshicieron de San Donato).

XI. Cerveza, chocolate, patatas fritas, encajes

P1250095Allá por donde pases hay tiendas de chocolate. Y muy variados, desde bombones hasta rodajas de naranja y limón cubiertas de fino chocolate. Una delicia, vaya. Como también lo son las cervezas y para elegir una nada mejor que dirigirse a Bachus Cornelius, una de las tiendas mejor surtidas de ambas cosas (http://www.bacchuscornelius.com/), en Academiestraat, 17, donde nos hicimos con una de las típicas cervezas de la ciudad, la Brugge Cornelius Beer.

Y bastante cerca de esta tienda se sitúa el auténtico Museo de las Patatas Fritas, el Friet Museum de Brujas (www.frietmuseum.be/en/) que no pudimos visitar (había cerrado ya) pero que debe ser interesante y divertido.

Otra opción es hacerse con una muestra de encaje. A mediados del XIX la del encaje de bolillos era una próspera industria en Brujas. P1240951 Las encajeras trabajaban de sol a sol por un sueldo miserable en la vorágine de la revolución industrial. Hasta 92 escuelas de encaje se repartían por una ciudad que llegó a protagonizar una novela decimonónica “Brugge, la morte” que trataba de la ciudad decaída y triste del XIX.

El encaje ahora sirve para la venta en las numerosas tiendas de la ciudad y, aún a día de hoy, se ven numerosas casas en la ciudad cuyas ventanas están cubiertas con cortinas de encaje de bolillos. Una tradición basada en un trabajo duro y por el que las mujeres de la época podían llevar a casa un poco de dinero.

Bien, recorriendo Brujas uno no puede más que admirar como el empobrecimiento de una época llevó al enriquecimiento evidente de la actual, como la mortecina Brujas del pasado mejoró la vida de la Brujas presente.

Tanto, que hasta Immo Hopman, el oficial alemán al cargo de del ejército nazi que desocupaba los Países Bajos en retirada al final de la guerra mundial desobedeció las órdenes de destrucción de la ciudad que le dieron sus mandos. El comandante Hopman pensó que aquello era una locura, que Brujas era la ciudad más bella de toda la zona y que sus cañones no iban a dañar un enclave de tan poca importancia militar y tanta importancia histórica y artística.

Gracias, comandante Hopman.

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