9 de noviembre de 2008

Los Molinos nuevos del río Segura

03112008(001) Siempre me ha sorprendido cómo en el paso del río Segura por Murcia, cerca del centro, delante prácticamente de la catedral o el Ayuntamiento, es relativamente sencillo ver aves acuáticas. Y no cualquiera, qué va. La que vuela en la esquina izquierda de la foto es ni más ni menos que una garza real (Ardea cinerea). En otras ocasiones, he visto avefrías, martines pescadores, garcetas y, por supuesto, patos de diferentes especies.

El río Segura ha pasado de ser el más contaminado de Europa a ser un río relativamente saludable, como muestra la aparición de estas aves en pleno cauce urbano del río. Murcia es una urbe grande y añeja. La relación del hombre con el río viene de lejos y, además de la contaminación histórica, hay otras huellas evidentes de la relación del hombre con el río. Una de las más espectaculares: los molinos.

El Museo Hidráulico de los Molinos Nuevos del Río Segura recoge la presencia más importante de estas infraestructuras en la región de Murcia. Los 24 molinos nuevos del río Segura están restaurados y se muestran al público en un centro moderno y de relevante estilo arquitectónico que, aunque con demasiada información, contribuye a hacerse una idea de lo que estos molinos han representado para la historia murciana.

03112008(006)Los molinos de mano aparecen en numerosos yacimientos a lo largo de la historia del hombre. La mejora de las técnicas los transformaron: de molinos de mano a molinos industriales en unos cuantos siglos. Algunos se convirtieron en señas de identidad de los pueblos (como los molinos de viento manchegos), otros en presencia permanente de la historia.

A éstos pertenece el llamado Molino de las 24 Piedras, los molinos nuevos del río Segura que se construyeron en 1785 bajo los auspicios del Conde de Floridablanca (del que se celebra ahora aniversario oficial) con 21 piedras y al que se añadieron en 1808 tres más.

Algunas de esas piedras se pueden ver en el Museo Hidráulico, ya sin funcionamiento, claro. En este museo se da cuenta de los orígenes históricos de los molinos hidráulicos  así como del origen de los molinos en la región murciana, haciendo hincapié en los molinos desarrollados en época musulmana.

Hay que hacerse a la idea de lo importante que podían ser estas infraestructuras para poblaciones que vivían de las huertas murcianas. Molinos, acequias y norias debieron marcar el paisaje de entonces, cuando los árabes convirtieron las zonas inundables del Segura en florencientes huertas que han llegado hasta la actualidad. La molienda del cereal o el batanado de paños serían las ocupaciones fundamentales de los molinos de la época.

03112008(012)Uno de los más llamativos sucesores de los molinos musulmanes es el molino flotante situado sobre barcas, habitual de baja edad media y que aprovechaba su movilidad para ofrecer servicios en diferentes lugares.

Los Molinos del río Segura tienen un largo recorrido histórico, pero fue después de una gran inundación cuando el Conde de Floridablanca, en plena Ilustración, decidió hacer una nueva infraestructura, retiró los antiguos molinos que cruzaban el río y propuso la creación de los modernos molinos, longitudinales al mismo y que no dificultaban el paso de las aguas.

La propiedad de los molinos estuvo durante mucho tiempo en litigio. 03112008(028)Hay que pensar que eran muy utilizados por gran número de personas que se acercaban en sus caballos para dejar el cereal a moler (los caballos se dejaban en las caballerizas que ahora recogen exposiciones de arte muy cerca del Museo). Algunos eran privados. De la mayor parte se hizo cargo el Ayuntamiento aunque un pequeño grupo de propietarios ancestrales mantuvo la propiedad largo tiempo.

En la década de los veinte del siglo XVIII, el Ayuntamiento, endeudado, vendió de nuevo a particulares estos molinos nuevos que entraron en decadencia ya en el siglo XIX por la competencia con las fábricas harineras, que proporcionaban mejor harina y a mejor precio.

El refugio de los molinos nuevos fue la harina basta para el ganado y el pimiento, si bien poco a poco dejaron de tener utilidad. A finales del siglo XX se decidió hacer el Museo y se desalojó al último molinero en activo que gastó sus últimos años en enseñar a los visitantes las características de su ya desaparecido oficio.

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Edificio en el que se recogen las antiguas muelas de molino, la solera fija y la corredera o volandera móvil que giraban a 50/60 vueltas por minuto, velocidad ideal para dar una buena harina y la máxima antes de que ésta se calentase demasiado.

Una campanilla anunciaba el fin de la molienda a fin de que las ruedas no provocasen un incendio al friccionar ellas mismas.

En el molino de al lado, las muelas están protegidas por una cubierta de madera, un armazón que evitaba que se desparramase la harina recién fabricada. Encima, la tolva, de forma troncopiramidal, donde se vertía el cereal. Éste caía por un canalillo que dejaba verter gradualmente el grano entre las dos muelas, que ya giraban de acuerdo con la fuerza motriz proporcionada por el agua.

03112008(030)Agua como la del río Segura que, de acuerdo con lo que me comentó una de los bedeles del Museo, hace tiempo ya que perdió el nauseabundo olor que la caracterizaba en la década de los 80 y 90.

Ahora transcurre lentamente a la luz de la ciudad de Murcia, que acoge con respeto uno de los inventos que más han ayudado al desarrollo del hombre en la zona: los molinos hidráulicos, fuente de alimento, parte del paisaje.